"Escucha hombre, estoy algo preocupado por ti", dice, después de darle un corto trago a la copa de brandy y poner ésta sobre una servilleta blanca en la mesa de centro.
"¿Por qué?"
"Bueno, me parece que estás dejando pasar la vida. Ya estás algo entrado en años y no te veo disfrutarla. Ya debería ser el tiempo en el que estuvieras criando a tus hijos o al menos consiguiéndote una esposa."
"¿Debería?", la palabra le molesta, le ha molestado desde los primeros meses del nacimiento de su razón.
"Sí hombre, que no te estás haciendo más joven. Además estás siempre muy retraído, convives demasiado poco con los amigos, deja ya los libros que no te van a abrazar cuando lo necesites."
"No estoy buscando abrazos", la conversación empieza a tornarse incómoda. Nunca le ha gustado ser objeto de juicios que no sean propios.
"No seas ridículo, todo mundo quiere abrazos. Vamos, te conozco desde que éramos unos chiquillos, siempre fuiste muy enamorado, sufrías bastante cuando una niña te rechazaba, ¿lo vas a negar? Y recuerda cómo te sumías en la tristeza por no revelarle tus sentimientos a las que te gustaban mucho. ¿No será que ahora andas en las mismas?", sonríe con algo de satisfacción, creyendo haber tenido una epifanía.
"No esperarás que siga siendo el mismo chiquillo ahora, ¿o sí?"
"Nadie deja de ser el chiquillo que fue, esas son tonterías."
"Estás demostrando que no me conoces."
"¡Por favor hombre! Esos libros que lees te están llenando la cabeza de ideas locas. Mira, eres un hombre, y todos los hombres queremos una mujer, un hijo varón que se encargue de todo cuando nosotros no podamos y un par de hijos o hijas más."
"Ese no es mi propósito", responde después de una pausa, queriendo explicarse pero sabiendo que es inútil.
"¡Es el único propósito! Todos nacemos, crecemos, nos educamos para conseguir un buen trabajo y asegurarnos el pan de cada día, nos conseguimos unos cuantos amigos, nos casamos y tenemos hijos, y luego envejecemos hasta morir. ¡De eso se trata la vida! Todo lo demás son idioteces."
"Si tú crees que todo lo que te dijeron que es la vida es cierto allá tú; pero para mí no es así. Para mí no es lo principal conseguir un empleo, unos amigos, una esposa y una familia. ¿Qué bien me van a hacer si no consigo lo que realmente quiero?"
"¡¿Pero qué más puedes querer si no hay nada mejor?! ¡Mira el mundo, así es como funciona todo!
"¡No me importa cómo funcione el mundo, me importa lo que yo quiero!"
"¡Te estas volviendo un viejo amargado y egoísta! Has estado demasiado tiempo desempleado y te has puesto a pensar muchas tonterías."
"Estás cruzando la línea."
"¡Pues la cruzo y no me importa, que no voy a dejar que te hundas en la miseria y en la soledad! Deja ya esos libros que ahí no vas a encontrar amor."
"¡No busco amor!"
"¡¿Qué buscas entonces?!"
"!A mí mismo! Entiende que a mí no me mueven esas cosas que a ti te hacen feliz; mi principal propósito es saber quién soy, todo lo demás me es secundario. Si encuentro amigos, bienvenidos sean; si encuentro una compañera, ¡qué bien! Si formo una familia, espero ser buen padre. Pero si mi camino no me lleva a esas cosas no me importa con tal de que me lleve hacia mí."
"¡Por el amor de Dios, qué sin sentidos dices! Eres el tipo este que está frente a mí, ¿qué más puedes estar buscando! Mira que la muerte te va a alcanzar sea como sea, mejor que disfrutes de lo bueno de la vida. Cuando el día te llegue poco va a importar quién seas; mira ahora: cuando esté en mi lecho de muerte voy a ser el hombre que deja a una esposa que lo ama, a un hijo que se ha convertido en un buen hombre, y dos hijas hermosas que serán buenas esposas. ¿Quién serás tú, si no el tipo loco que se quedó sólo?"
"En mi lecho de muerte, seré yo."